28/04/12

I wish I couldn't Wish

I wish
I couldn't wish,
so my head would be empty
of these nonsense desires.


I wish
I didn't wish there were no nations,
no races, not even surnames.
Cloud like marshmallow bridges,
would keep us all together.


I wish I didn't dream
of erasing from my mind
all those rainbow pegasus
that I could ride
to be next to you.


I wish I couldn't wish
you were not called
American.


I wish I couldn't wish
to change our past,
to meet you in Spain,
that you were just
my neighbor.


Our first kiss,
next to the sea
in Barcelona.
Our engagement night,
in Madrid,
perhaps in Italy
-to be fancy.


I wish I couldn't wish,
I wish my brain got cut
into two thousand pieces,
before even being able
to say all those
lines
again.


I wish I couldn't wish,
wishing is for fools-
a voice says to me-
wishing is for dreamers,
for those
whose hopes
are lost.


I must be crazy,
Crazy and lost.


I wish I couldn't wish,
to be different than what I am.
To be white for them,
to speak just like you.


I wish I didn't have to
wish to have you all.


No choices,
everything.


I wish I couldn't wish,
because I don't deserve it.

 

By: Yunae

06/04/12

I want your body to be my home

Let your arms be the covers

That surround my body,

Sleeping

In your bed-like chest.

 

I want your body to be my home,

No need to buy a house,

Or speak to the bank.

 

We don’t need any pets,

No dogs, no golden fishes.

If you cuddle with me,

I will purr

Like a kitty.

 

Let your eyes open wide,

Let them be windows,

Allow me to look right through them,

I want to see your special places.

 

I want your body to be my home.

In the deepest of your mind,

Let’s have our Eden-like garden,

And walk, in love, for eternity.

 

Let your hands be my guides.

Touch me,

And show me the way to freedom.

 

I want your body to be my home,

With our hands entwined

Till the sun sets,

I’ll travel with you.

 

Take me away.

Let’s build our own reality,

And fill it with roses,

And other flowers

That make you think of

Sex.


Poem by: Yunae

04/04/12

El amor del espejo (11)

La puerta principal estaba abierta de par en par y había varios estórquels tirados en el suelo, llenos de heridas. Bajé de mi montura y me adentré en la fortaleza. La ciudad de cristal ardía en llamas, algunos estórquels  intentaban huir hacia la entrada,  otros estaban de rodillas, rezando.

Novecientos me seguía, pegado a mí, muy asustado. Entre aquel caos, nadie parecía notar mi presencia.

Me acerqué a una estórquel hembra, escondida detrás de un barril. “¿¿Qué ha pasado ??” la estórquel respondió entre sollozos, abriendo sus brazos “der Drache…. der Drache…”. Aunque su respuesta no parecía ser para mí, le hablaba a un pequeño estórquel que venía corriendo en dirección a nosotros.

 “Achtuuuuuuung!!!!” gritaba el niño. De la nada apareció Azerep, envistiendo contra todo aquel que se interponía en su camino, absorbiendo la luz del sol con sus escamas doradas y convirtiéndola en rayos de fuego. “Aznagnev” susurraba una y otra vez, “aznagnev”. Algunos estórquels disparaban con cañones enormes desde diferentes partes de la ciudad, mas nada parecía ser lo suficientemente poderoso como para dañar la coraza de Azerep. 

Azerep saltó encima del pequeño estórquel que gritaba “achtung”. Le agarró de una de sus alas con la boca y le agitó en el aire. La ala del pequeño estórquel se quedó en la boca de Azerep, el cuerpo impactó contra el muro de cristal. El estórquel permaneció en el suelo, inmóvil. La estórquel hembra que estaba a mi lado fue corriendo hacía el niño, llorando. Gritaba palabras que yo desconocía, palabras que entendía a la perfección. Esa estórquel y yo éramos una, dos personas unidas por una misma tragedia.

La situación en la que me encontraba no era en absoluto la que yo había venido a buscar.  No pretendía herir a nadie, sólo quería recuperar a mi hijo. Quería volver a abrazarle y besarle, no quería infligir en otras personas mi sufrimiento. Sólo necesitaba saber si los estórquels le tenían como rehén, y, si así era, rescatarle.

 

Um…

No obstante...

No voy a mentir. No voy a decir que jamás haya deseado la muerte de los estórquel, de todos y cada una de ellos como raza. Fue lo primero que vino a mi cabeza al pensar que éstos habían secuestrado a mí bebé. Pero… ahora que veía ese intento de genocidio delante de mis ojos… ahora veía que un sentimiento así era injustificable.

“¡Detente!” le chillé. Azerep estaba fuera de sí. “Aznagnev” rugió, sin tan siquiera mirarme. Los estórquels hicieron sonar sus cuernos de guerra. Azerep miraba a todas partes, buscando la procedencia del sonido. El suelo se cubrió de sombras, miré hacia arriba. Millones de naves hechas de algodón, cuya forma era similar a la de un pájaro,  sobrevolaban la ciudad, esa era la defensa militar de los estórquels. Azerep también las vio, lanzó un rayo de fuego a uno de éstas. Las alas de algodón de la nave empezaron a arder y ésta calló al suelo. El estórquel que la conducía murió al instante, convertido en cenizas. Las demás naves se agruparon, intentando evitar que Azerep absorbiera energía solar de nuevo. Azerep corrió hacía el centro de la ciudad, destrozó las puertas del palacio de marfil y entro en éste.

Tenía que hacer algo. No quería ver más muerte, no podía permitir que nadie más muriera. Me monté en Novecientos y le seguí. Mientras cabalgaba cogí uno de los libros de conjuros que traía conmigo, intentando encontrar algo útil para detener a Azerep. Llegamos a la puerta, Azerep seguía sembrando el miedo dentro del palacio. Les preguntó a los estórquels algo en su lengua, éstos le contestaron. A continuación, Azerep embistió contra ellos y subió por unas escaleras en forma de caracol. Había gritos de dolor  y sangre por todas partes. Me limité a seguirle, ya sabía qué conjuro usar, sólo necesitaba encontrar el momento adecuado.

Llegamos a la sala real. Los ojos del reptiloide estaban abiertos de par en par, cristalinos. Ante él se encontraba el estórquel rey, vestido con una bellísima túnica, compuesta de escamas doradas. Escamas en forma de corazón, con un brilló incandescente, muy parecidas a las de Azerep.  Llevaba una corona hecha del mismo material, adornada con gemas preciosas de tonos rojizos. El estórquel rey se puso delante de su reina, la cual estaba sentada en el trono. La estórquel se tapaba los ojos horrorizada, la habitación estaba llena de guardias muertos.  A su lado había una jaula de cobre con un pequeñísimo bebé zorroldón.

Ese era el momento, debía salvarles a ellos al menos. Tiré un puñado de sal encima de Novecientos y recité: “espíritu de la sal, cubre el cuerpo de este ser. Concédele a su danza el poder de calmar a los desesperados”.

“Rache” gruñó Azerep, al mismo tiempo que embistió contra el rey y agarró a la estórquel del cuello, partiéndolo, mucho antes de que ésta tuviera oportunidad alguna de reaccionar, mucho antes de que mi conjuro hiciera efecto.

Novecientos se acercó a Azerep y empezó a danzar alrededor suyo. Movía sus patas de manera rítmica, hipnótica, creando una visión en la mente del reptiloide.

Azerep se quedó tendido en el suelo, lleno de lágrimas y sangre.

 

“Amam…” susurró.

 

El pequeño bebé empezó a gimotear. Me acerqué a él, abrí la jaula y le cogí en brazos, se quedó en silencio, mirándome con inocencia. Era demasiado joven para entender lo que acababa de presenciar. Escondió su cabeza debajo de sus patitas. Era adorable, me recordó a mi niño, a mi adorado Setenta.

Un estórquel entró en la habitación. Se puso a gritar cosas. “No hablo tu idioma” le dije. Me contestó: “los estórquel sólo queremos equilibrio, demasiado mal, demasiado mal. Por favor, detén mal, detén mal, no podemos soportar más dolor, llévate lo que quieras pero detén el mal. Nosotros entendemos, drache traer equilibrio ahora, por favor, piedad”.


Relato by: Yunae