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30/08/07
El cambio de Leran
Aviso: Este relato es algo diferente de los demás, como es muy largo iré subiéndolo por partes. Espero que lo disfrutéis.
El cambio de Leran
Ayer me desperté y al mirarme al espejo descubrí que mis ojos eran verdes. Fue un cambio repentino, de un día para otro mis ojos negros como el carbón se habían vuelto de color aguacate.
La verdad es que nunca me había gustado ese color, tenía demasiado parecido con el césped que pisan los pies sucios de una niña aburrida, como yo.
Resultaría sorprendente pensar que algo tan superfluo pudiera desembocar algún cambio importante en la vida de una persona. Supongo que a cualquier otra no le habría afectado en absoluto - más de dos minutos seguidos- ver que sus ojos ya no eran negros o marrones sino verdes. Pero a mí sí, sentí inmediatamente la necesidad de compararlos con algo que me gustara o que por lo menos fuera positivo. Si hubieran sido azules o grises podría haberlos comparado con el cielo - a veces sereno, a veces tempestuoso- pero no, ¡eran verdes! verdes como las ranas que croan en las sucias charcas, como los saltamontes que se me pegan en el vestido cuando me tumbo en el jardín. Para mí resultaba realmente horrible.
Al final encontré la comparación que más me complacía; era un verde esperanza, una tonalidad clara con degradaciones oscuras. Pero, encontrar algo que fuera de un color parecido a mis ojos no solucionaba realmente mi problema. Mis ojos representaban algo bueno, pero el significado del cambio aún era algo que yo desconocía. Cuando lo pensé fríamente, me di cuenta de que era prácticamente imposible que mis ojos se tornaran verdes de un día para otro sin motivo aparente.
Después de barajar varias posibilidades más o menos coherentes –dentro de lo que cabía- llegué a la conclusión de que mi cambio tenía claramente una finalidad. Yo era una elegida, aunque no sabía por quién ni por qué, y así fue como supe que jamás volvería a ver el mundo igual que cuando tenía mis preciosos ojos negros. Un nuevo mundo empezaba para mí y para mi mirada campestre.
Cerré la puerta de mi habitación cuidadosamente, girando el pomo dorado con la mano izquierda. Me senté en mi taburete redondo de color rojo y me quedé un rato mirándome al pequeño espejo de bordes amarillos que había colgado en la pared.
Seguramente, la persona que había coloreado mis ojos, lo había hecho con el propósito de volverme más optimista. El filtro negro de mis anteriores esferas oscuras no dejaban que viera con claridad el mundo, pero con este de color verde todo sería diferente. ¡Verde esperanza! Aquella era la comparación que había elegido para ellos, no era verde sapo, ni tampoco verde lechuga, era un magnífico verde esperanza. Todo empezaba a cobrar sentido dentro de mí.
Sí, todavía no había acabado mi transformación optimista. Abrí el tercer cajón de mi escritorio y saqué mi caja amarilla de costura. Unas tijeras. Sujete mis rizos castaños con la mano derecha mientras, con la otra mano, sujetaba el atroz instrumento. Cerré los ojos y conté hasta tres.
Mi cabello afeminado dejó de existir, en su lugar había un corte champiñón un tanto simpático. Cogí mi camiseta rosa y le recorté en la espalda un corazón- un brote de inspiración supongo.
Aunque parezca mentira repito, todo esto hizo que se iniciara en mí una nueva perspectiva de las cosas. Salí de mi habitación corriendo, pasé por el comedor ante la mirada atónita de mis padres y mis hermanos y salí de casa descalza.
Pasee por el vecindario durante horas, mirándolo todo como si fuera la primera vez que lo veía. Me fijé en todos los colores que adornaban mi barrio, en las sonrisas de los niños pequeños, en los nidos que las golondrinas habían construido con tanto esfuerzo, en las piruetas que hacían los perros jugando, en las vecinas cotilleando alegremente, en los hombres jugando a las cartas…
Todo era hermoso, todo estaba lleno de vida. Hasta el más pequeño detalle me hacía feliz. Y podía disfrutar de ello porque yo era le elegida del filtro verde.
Al volver a casa, subí directamente a mi habitación y me lancé encima de la pequeña cama de color pastel. Me quedé tumbada bocabajo durante unos minutos sin poder parar de reír. Había encontrado la felicidad absoluta de un día para otro, de una forma única e impensable.
Entonces escuché que alguien llamaba a la puerta de mi habitación, le dije que pasara, era mi madre. “Leran… ¿qué te ocurre? ¿Por qué te has cortado el pelo y has salido descalza de casa? Me tienes muy preocupada” dijo mi madre frunciendo el cejo. Yo me limité a decirle sonriente: “Mamá, ¿no ves que tengo los ojos verdes? ¡Es un gran cambio en mi vida!”.
Después de eso me puse las manos detrás de la espalda y empecé a juguetear moviendo la pierna derecha. Mi madre me miraba atónita, se me acercó y me acarició la mejilla con la mano izquierda. “Pero Leran, tus ojos siempre fueron verdes”.
By: Yunae
Continuará
11:30 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (4) | Enviar a Email | Tags: Ojos verdes, relato
11/08/07
Hasta agotar la fresa de nuestros labios
Cristales que chocan entre sí
Demuestran melodioso y harmónico sonido
Igual que chocan nuestros labios
Y tintinean nuestros, a nuestro ritmo.
Igual que nuestros besos se reparten
Dulcemente, sin previo aviso
Y nuestros tactos exploran
Nuestro cuerpo, paraíso infinito.
Siento algo tan intenso dentro de mí
Que no encuentro ni palabras
Lo llevo muy muy dentro, casi rozando
Lo más profundo de mi alma
Te miro y por primera vez,
Siento compañía en mi soledad aniquilada,
Te miro y tu sonrisa es mi motivo
Para seguir adelante sin adversidades
En este triste mundo reiterativo.
Sonrisa que se marcha volando
Sólo dura un segundo, una décima, ¡un instante!
Y la quiero, te la pido, te la exijo,
Entrégamela en un pequeño paquetito.
Para que cuándo este triste la mire,
Y como el Fénix, mi felicidad renazca
Aix… si fuera de mí la tendrías siempre…
La dibujaría con tinta permanente en tu cara
Acompañando a tus ojos color miel,
Que se dejó en tu cara sin darse cuenta
Alguna abeja despistada.
Tus labios, que son de una dulzura sin límites
Grandes y regordetes inyectados de fresa,
Apetecibles y deliciosos.
Sin comparación, sin rival, sin nada más que tú.
Porque así te quiero yo, como tú, sólo tú
Sólo yo.
Nosotros dos,
Sin nadie más.
Hasta agotar la fresa de nuestros labios.
By: Yunae
Fotografía: Serohn
10:15 Anotado en Mis poemas | Permalink | Comentarios (2) | Enviar a Email | Tags: fresa, amor, nosotros
10/08/07
Carta de abril
¿Por qué el amor no existe? Yo llegué a creer que sí, llegué a creer que podía acariciarlo con mis dedos con sólo una mirada tuya, llegué a creer que existía, de verdad. Cuando llamabas a mi puerta y corriendo iba a recibirte y te abrazaba y me besabas y todo estaba bien. Pero ya no.
El amor se acabó, o puede que no existiera y tú y yo sólo lo estuviésemos imaginando para escapar de la monotonía de nuestras vidas.
De pequeña soñaba con encontrarlo, te parecerá una tontería supongo. Disfrutaba de esas predecibles películas de amor, donde todo es romántico y nunca hay problemas. Soñaba que algún día un chico llegaría y me llevaría lejos, para poder soñar juntos. Soñaba que sería feliz solamente sintiéndole cerca, sin hacer nada.
Todo es tan confuso… es como si me hubieran mentido desde el principio.
Nunca imaginé que todo acabaría así. Te juro que llegué a tocar la eternidad en nuestros abrazos. Durante un año fuiste la persona más importante en mi vida, he hecho tantas idioteces por ti… supongo que en el fondo no me arrepiento de ellas. Y ahora…
Te odio y tú me odias también, por lo menos seguimos compartiendo un profundo sentimiento… aunque ya no sea “amor”.
Quizá dentro de unos años nos riamos de esto, o quizá no. No sabes lo que daría porque todo fuera un poco más fácil. Me siento impotente, sólo puedo escribir cartas como esta, que nunca te daré, y quedarme aquí sentada sintiendo que puede que nunca más vuelva a sentir. Me cuesta tanto después de todo lo ocurrido…
Dices que te decepcionó que te dejara.
¿Qué se supone que se debe hacer cuando el amor termina? Las películas no me lo enseñaron, dime ¿qué debo hacer?
Mi corazón estaba atrapado en un zarzal de sentimientos.
Y ahora, mi sinceridad me hace escribirte esto.
No entiendo el amor ni te entiendo a ti, ni espero que tú me entiendas tampoco.
Solamente te digo adiós, muchas gracias por el tiempo en el que me regalaste toda esa ilusión que ya no tengo.
Hasta siempre.
Yunae
Sábado, 15 de abril de 2006
PD: Esta carta es real. Fue escrita el día 15 de abril del año pasado, finalmente no te la dí, al igual que otras muchas que ahora quiero compartir contigo. Aunque parezca mentira al final volvimos juntos y hemos estado juntos hasta ahora.
¡Qué manía más tonta que tengo de escribir este tipo de cosas!
Publico esta carta para darle esperanzas a todas aquellas personas que han cortado y aún se quieren.
El amor es demasiado complicado.
15:49 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (2) | Enviar a Email | Tags: amor, carta, desesperación, esperanza

