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29/12/07

Secuestraré al arcoíris

      Lo veré en el cielo, como tantas otras veces lo he visto. Pero, no de la misma manera. Podré alargar mi brazo y acariciarlo con mis dedos, le robaré todos sus colores y me los quedaré para mí. Y después, con un pequeño pincel verde, inundaréb66fa688f1f48817ff2f567ab34d05d2.jpg mi casa de azules, amarillos, rojos y mezclas de tonos alegres que habré robado porque tú los ansiaste… alguna vez.  Secuestraré al arcoíris, sólo para ti.

 

        Y así, haré realidad tus sueños en mi mansión de setenta metros cuadrados. Abriremos todas las ventanas para que todo el mundo nos mire con envidia. Para que vean tu felicidad, nuestra felicidad. Para que el aire entre y nos envuelva y baile con nosotras la canción que la lluvia y el sol compusieron en tiempos remotos.

 

      Llenaré la bañera de caramelos  y chocolate y nos pondremos el bañador y nadaremos juntas. Lanzaremos golosinas por los aires, cogeremos un empache de dulzura y no podremos parar de jugar y reír.

 

   Después, si nos quedan fuerzas, arrancaremos las cortinas, las cuales habrán sido inundadas de colores arcoíris, para hacernos aquellos vestidos que siempre imaginamos. Saldremos a la calle, cogidas de la mano, saludaremos a todo el mundo y todo el mundo nos devolverá el saludo.

 

     Crearé ese mundo para ti, para que vivamos juntas, para que nadie nos haga daño, para que no exista el miedo.  Todo esto, estaría dispuesta a hacerlo por ti, para volver a verte sonreír, para que simplemente… seas mi amiga.

 

 

By: Yunae 

Imagen extraída de: http://img53.imageshack.us/img53/7057/arcoiris2xz1.jpg 

12:45 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: arcoíris, amistad

27/12/07

La imaginación... ¿no merece la pena?

       Mientras Nadia hablaba, la miraba apoyada en la mesa observando cada pequeño detalle de su rostro. No solía escucharla, prefería mantener la imagen idealizada que me había formado de ella y jugaba a imaginar cómo era y qué cosas le gustaban. A veces paraba de hablar en seco y me decía algo así como “¿Estás de acuerdo?” o583647b18c4b19403fac21b95aa1ed45.jpg “¿No crees?” y yo entonces movía la cabeza asintiendo o negando dependiendo del tono que usara para la pregunta. Con eso ella se contentaba y seguía su monólogo como si nada.

 

 

       A decir verdad,  me había inventado una serie de características y vivencias que había adornado con todo lujo de detalles sólo para ella. Mi Nadia era una chica atenta, educada, inocente y algo tímida. Cuando hablaba se apartaba el flequillo que caía sobre su ojo izquierdo y una preciosa sonrisa hacía aparecer en su pómulo derecho un pequeño agujero. No le gustaba demasiado contar cosas sobre ella y siempre pensaba en los demás e intentaba ayudarles a toda costa sin pensar en lo que esto comportaría. Mi Nadia siempre llevaba vestidos de tonos rosas y lilas, acompañados de unos graciosos calcetines de rayas de colores y un lacito en la cabeza, cuyo color variaba dependiendo de su estado de ánimo.

 

 

       Mi Nadia era una muñeca de esas que puedes dejar sentada encima de la cama con los complementos que más te gusten. Era una hoja de papel en blanco dispuesta a ser cualquier cosa que mi imaginación le dijera, una hoja de papel que nunca me decepcionaría. Era un juego demasiado divertido como para no compartirlo con nadie, así que un día se lo comenté a mi novio. Pero su reacción no fue exactamente la que yo esperaba.

 

 

         Se dejó caer en el pequeño sofá, redondo, de color rojo que había en medio de nuestro salón. Me miraba muy serio, clavando sus negras pupilas en mis manos. “Celeste, no puedes crear la personalidad de alguien así porque sí” al escucharle no pude evitar soltar una de esas risas que sueltan los niños pequeños cuando hacen una trastada y su madre los descubre. “¿No vas a decirme nada? Debería darte vergüenza no escuchar a la gente ¡Celeste por Dios!” cuando vi que iba en serio, me puse las manos encima de las piernas, las estiré y entrelacé mis dedos. “Y según tú, ¿qué debería hacer True?” puede que tomara esta frase como un desafío a su ingenio, no lo sé, quizá no notó que era una pregunta retórica. Pero, True me lanzó una respuesta que, al igual que un dardo, se clavó en el centro de mi mente “Si no quieres ver cómo es en realidad, puede que te pierdas a una persona maravillosa. Y, si no es una gran persona, puede que estés desperdiciando el tiempo que podrías pasar sentada al lado de una.” Me pasó el brazo por detrás de la espalda y mi besó suavemente en la mejilla. Resultó muy convincente.

 

         Al día siguiente, un domingo, quedé con Nadia, fuimos a comer a un restaurante italiano como ya habíamos hecho un millón de veces antes. Pero ese día era especial. Ese día yo escucharía qué era lo que Nadia podía ofrecerme, no mi Nadia, sino Nadia.

 

         Nadia estaba muy contenta. Me estuvo contando lo que había hecho la noche anterior con sus amigos. “Y llegué a casa a las 7, ¡a las 7 Celeste! ¿Te lo puedes creer? Y llevaba una taja… vomité en el recibidor y luego me resbalé y me caí y me desperté envuelta de vómitos. ¡Jajaja! ¡Deberías haberlo visto celeste! ¡Fue una noche increíble! Ni siquiera recuerdo lo que hice”. Con cada palabra se rompía una pieza del rompecabezas que formaba su imagen en mi mente. Mi dulce e inocente Nadia se desvaneció y en su lugar estaba ella. Mirándome y esperando a que asintiera o negara como siempre. Pero su tono de voz no me decía qué debía responder y sus ojos no eran los ojos que siempre había estado mirando. 

 

      Aquella vez le contesté, le miré fijamente y le dije “La imaginación… ¿no merece la pena?”.

 

 

By: Yunae 

 

Imagen extraída de:  http://www.fotomaf.com/albums/MundoMacro/normal_FlorInvierno.jpg