01/09/08
Lulú Bonaffair
Lulú tiró el jarrón al suelo y contempló en silencio como estallaba. Pedazos de color rosa inundaban la habitación, estaban en todas partes. “¿Qué narices estás haciendo? ¿Te has vuelto loca?” Michael no paraba de gritar, ella estaba agachada mirando los trozos de porcelana sin decir nada. Se retiró un mechón de pelo de la cara. Cogió un pedazo de jarrón con la mano izquierda y lo acarició con el dedo índice de su mano derecha.
“¿No vas a de
cir nada?” Michael le agarró del hombro, “¿acaso eres idiota? ¡Vas a cortarte!”. Fue entonces cuando Lulú Bonaffair se giró lentamente y clavó sus pequeños ojos marrones en él. Depositó con cuidado en el suelo el pequeño trozo de porcelana y sonrío mientras se acariciaba el pelo. Luego, tranquilamente, dijo “No hay por qué preocuparse. Tan solo estaba intentando encontrarla”. “¿Encontrar el qué?” Michael no podía creer la escena que estaba contemplando.
Lulú estaba desnuda. Su piel era blanca, sus hombros estaban cubiertos de pequeñas pecas que formaban una especie de constelación. El resto de su cuerpo permanecía medio oculto por su largo y ondulado pelo de color rubio ceniza. Pero, pese a su apariencia angelical, Michael tenía la impresión de que Lulú había perdido la cabeza. No sabía qué hacer, es más, no podía hacer nada. Ni siquiera estaban en su casa.
La chica comenzó a reír a carcajadas y segundos después paró en seco y con voz firme dijo algo así como “Es evidente Michael. Buscaba la belleza que sólo aparece cuando algo se rompe. La belleza del fin”. “¿Cómo?” Ahora sí que ya no comprendía nada. Esa mujer estaba loca.
Lulú se levantó apoyando una de sus manos en sus largas piernas. Dio unos pasos hacia la ventana y cuidadosamente apartó la cortina. Estaba abierta. Miro a través de ella. Comenzó a hablar con voz susurrante, Michael no podía oírla así que se acercó confuso, tal vez algo asustado. “¿Has visto qué ventana tan grande? Me gusta cubrirla con esa cortina. Realmente… no mereces ver esta ventana. No… “. Después de decir esto, se giró y le clavó sus ojos por segunda vez. Michael frunció el ceño, se llevó la mano a la frente y decidió poner punto y final al asunto. “¿Es para que me vaya? ¿Quieres eso? Ok, lo he captado, adiós Lucifer” se puso su sombrero en la cabeza y se fue adornando su salida con un portazo ejemplar.
Lulú se quedó sola. Fue tranquilamente al sofá, que estaba justo en medio de la habitación. Era negro, grande, robusto. Se tumbó en él encogida como si fuera un gatito en un cojín. Disfrutaba de la visión de aquel jarrón rosa, roto, esparcido por el suelo de su casa. Aquel jarrón que una vez le regaló alguien a quien ella llamaba “pequeña princesa”. Alguien que odiaba ser llamado así.
Texto by: Yunae
Imagen extraída de : http://farm1.static.flickr.com/17/22231194_8ae43c5957.jpg?v=0
13:35 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: Lulú Bonaffair, locura, reflexión, equivocación



Comentarios
La leche, qué relato tan extraño, y lo peor de todo es que me ha gustado, te lo has currado para en tan solo unos parágrafos describir el comportamiento de los personajes -al menos a mi me han sido muy fáciles de imaginar-. Eres muy gráfica escribiendo sin necesidad de ser plomiza con los detalles.
Qué envidia.
Anotado por: Gouken | 26/09/08
Me alegro mucho de que te guste >_
Anotado por: Yunae | 26/09/08
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