02/09/08

El cambio de Leran (2)

  AVISO: Esta es la segunda parte de "El cambio de Leran"  . Espero que os guste.   

 

 

         Al escuchar esto me quedé perpleja, “mamá mis ojos eran negros ayer, pero esta mañana me he levantado y al mirarme al espejo he visto que eran verdes”. La expresión de su rostro cambió totalmente, se tocaba la boca con la mano derecha y sus ojos me miraban como si fuera la primera vez en su vida que me veía. Me sentí extraña y muy incómoda.

 

       No sabía qué estaba ocurriendo y  al ver que mi madre parecía algo asustada, decidí decirle que todo era una broma, que simplemente tenía calor y estaba muy contenta porque hacía un día estupendo. Eso logró tranquilizarla un poco.

 

         Cuando salió de mi habitación y cerró la puerta me quedé muy intranquila e insegura. Me puse a dar vueltas juntando mis dedos índices y mirando al suelo. “La cosa” era tan poderosa que podía modificar los recuerdos, por lo tanto, también podía castigarme si no usaba bien mi nuevo poder positivo. Seguro que podía verme, es más, seguro que me estaba mirando y mientras lo hacía me juzgaba apuntando en una pequeña libreta todos los fallos que veía en mis movimientos.

 

          Había demasiada presión. Un millón de dudas me atacaban y me empujaron a cometer una estupidez. Miré hacia arriba y dije en voz baja: “¿Qué tengo que hacer señor algo? ¿Por qué me ha dado este poder?”. Obviamente, nadie respondió. Me quedé sentada en la silla mirando hacia la ventana, tenía la certeza de que algo pasaría ahí.

 

             Un viejo árbol tapaba las vistas, era de un tono marrón oscuro apagado, tres o cuatro hojas adornaban sus ramas que emergían desde el tronco en forma de manos huesudas y estiradas con largos dedos. Entonces, de la nada, apareció un gato de color azul oscuro encima de una de las ramas del árbol. Aquel ser tenía una mirada muy parecida a la mía, unos ojos verdes resplandecientes e hipnóticos que se centraban en un solo punto de mi habitación, en mí, en mis pupilas.

 

          Estaba asustada, me acerqué lentamente, el gato no me quitaba los ojos de encima. Apoyé los brazos sobre el borde de la ventana y el felino, erizando todos los pelos de su cuerpo, emitió un sonido amenazador. No sé bien bien qué fue lo que me impulsó a hacer lo que hice, pero sin pensarlo demasiado extendí mi mano, acercándola a su hocico. Me arañó en la muñeca y empecé a sangrar, cerré la ventana deprisa y me alejé de ella.

 

          “Miaaaauu, miaaaaaaauuuu” dentro de mi habitación se oían los maullidos de un gato.Miré a mí alrededor pero no vi nada, estaba muy nerviosa y no sabía qué hacer ni dónde esconderme. Un ruido extraño, muy difícil de describir acompañaba los maullidos, que ahora eran más, como si mi habitación estuviera llena de gatos azules. Era un sonido parecido al que se oye cuando algún desalmado rasca una pizarra con una tiza rota. Tapé mis oídos. Debería haber salido de la habitación nada más escuchar aquel espantoso sonido dentro, pero no lo hice, el pánico impedía que me moviera.

 

             Las sábanas de la cama comenzaron a agitarse, se entreveían unos bultos que se movían lentamente, acercándose a mí. La tela empezó a romperse desde arriba, como si alguien la rajara por abajo con un cuchillo muy afilado. Y entonces los vi, eran gatos azules de ojos verdes. Cerré los ojos muy fuerte, tapándome los oídos, si tenía que morir no quería verlo. Noté en mi pierna derecha una uña fría y afilada acariciándome suavemente. En mis hombros había algo caliente y peludo. Tenía que hacer algo. Sentía dentro de mí que debía hacer algo. Abrí los ojos de repente, todo paró, sólo quedaba un minino encima de mi cama, las sábanas estaban impecables y la ventana abierta. El felino movía su cola ondeándola y me miraba con aires de superioridad. Sus ojos eran como los míos, pero los suyos no inspiraban optimismo ni esperanza.

 

     Volví a cerrar los ojos, no podía creerme lo que estaba ocurriendo. Al abrirlos ya no había nada en mi habitación, sólo una carta en el suelo, al lado de mi pierna. Estaba dentro de un sobre de color rosáceo con un sello negro. La cogí y la abrí con cuidado. La carta estaba en blanco.

 

 

Continuará

 

 

Relato by: Yunae

Comentarios

Me he leído los dos relatos del tirón y todavía no se por dónde van a ir los tiros de la historia. En el primero parecía que se iba a centrar en un cambio para mejor, en ver las cosas buenas del mundo, en el optimismo de la chica, etc, y que por eso te centrabas tanto en los colores.
En cambio en la segunda parte me ha parecido todo una paranoia de la chica y que se está volviendo tarumba, tanto por la reacción de la madre como el verlo todo lleno de gatos azules acechandola entre las sábanas :S

A ver si publicas pronto otra parte de la historia y logro adivinar qué es lo que ocurre ^^

Anotado por: Gouken | 26/09/08

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