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09/09/08

 

Tu recuerdo va y viene más allá del tiempo y el espacio.

Tu imagen está envuelta en niebla, que en ocasiones se disipa

Y deja ver tus pestañas

-pero no tu mirada.

 

No puedo ver tus mejillas, aunque veo el esbozo441f0a5eecd2be9276cb01cc39664d16.jpg

De lo que podría ser un tímido sentimiento.

Me pregunto si realmente sonríes,

Si realmente sientes como yo.

Si esos ojos que no veo son capaces de llorar.

 

Todo es una incógnita, no hay nada claro,

No entiendo el porqué de nada.

 

Sólo sé que a veces quiero que te vayas,

Quiero odiarte e insultarte. Quiero  recordar

que te he perdido.

Que tu imagen se evapore y no quede nada.

 

Pero otras veces…

Otras sólo quiero abrazarte.

 

By Yunae

Imagen: http://tu.tv/imagenes/videos/e/l/elfen-lied-09-hermoso-recuerdo_imagenGrande.jpg

 

 

02/09/08

El cambio de Leran (2)

  AVISO: Esta es la segunda parte de "El cambio de Leran"  . Espero que os guste.   

 

 

         Al escuchar esto me quedé perpleja, “mamá mis ojos eran negros ayer, pero esta mañana me he levantado y al mirarme al espejo he visto que eran verdes”. La expresión de su rostro cambió totalmente, se tocaba la boca con la mano derecha y sus ojos me miraban como si fuera la primera vez en su vida que me veía. Me sentí extraña y muy incómoda.

 

       No sabía qué estaba ocurriendo y  al ver que mi madre parecía algo asustada, decidí decirle que todo era una broma, que simplemente tenía calor y estaba muy contenta porque hacía un día estupendo. Eso logró tranquilizarla un poco.

 

         Cuando salió de mi habitación y cerró la puerta me quedé muy intranquila e insegura. Me puse a dar vueltas juntando mis dedos índices y mirando al suelo. “La cosa” era tan poderosa que podía modificar los recuerdos, por lo tanto, también podía castigarme si no usaba bien mi nuevo poder positivo. Seguro que podía verme, es más, seguro que me estaba mirando y mientras lo hacía me juzgaba apuntando en una pequeña libreta todos los fallos que veía en mis movimientos.

 

          Había demasiada presión. Un millón de dudas me atacaban y me empujaron a cometer una estupidez. Miré hacia arriba y dije en voz baja: “¿Qué tengo que hacer señor algo? ¿Por qué me ha dado este poder?”. Obviamente, nadie respondió. Me quedé sentada en la silla mirando hacia la ventana, tenía la certeza de que algo pasaría ahí.

 

             Un viejo árbol tapaba las vistas, era de un tono marrón oscuro apagado, tres o cuatro hojas adornaban sus ramas que emergían desde el tronco en forma de manos huesudas y estiradas con largos dedos. Entonces, de la nada, apareció un gato de color azul oscuro encima de una de las ramas del árbol. Aquel ser tenía una mirada muy parecida a la mía, unos ojos verdes resplandecientes e hipnóticos que se centraban en un solo punto de mi habitación, en mí, en mis pupilas.

 

          Estaba asustada, me acerqué lentamente, el gato no me quitaba los ojos de encima. Apoyé los brazos sobre el borde de la ventana y el felino, erizando todos los pelos de su cuerpo, emitió un sonido amenazador. No sé bien bien qué fue lo que me impulsó a hacer lo que hice, pero sin pensarlo demasiado extendí mi mano, acercándola a su hocico. Me arañó en la muñeca y empecé a sangrar, cerré la ventana deprisa y me alejé de ella.

 

          “Miaaaauu, miaaaaaaauuuu” dentro de mi habitación se oían los maullidos de un gato.Miré a mí alrededor pero no vi nada, estaba muy nerviosa y no sabía qué hacer ni dónde esconderme. Un ruido extraño, muy difícil de describir acompañaba los maullidos, que ahora eran más, como si mi habitación estuviera llena de gatos azules. Era un sonido parecido al que se oye cuando algún desalmado rasca una pizarra con una tiza rota. Tapé mis oídos. Debería haber salido de la habitación nada más escuchar aquel espantoso sonido dentro, pero no lo hice, el pánico impedía que me moviera.

 

             Las sábanas de la cama comenzaron a agitarse, se entreveían unos bultos que se movían lentamente, acercándose a mí. La tela empezó a romperse desde arriba, como si alguien la rajara por abajo con un cuchillo muy afilado. Y entonces los vi, eran gatos azules de ojos verdes. Cerré los ojos muy fuerte, tapándome los oídos, si tenía que morir no quería verlo. Noté en mi pierna derecha una uña fría y afilada acariciándome suavemente. En mis hombros había algo caliente y peludo. Tenía que hacer algo. Sentía dentro de mí que debía hacer algo. Abrí los ojos de repente, todo paró, sólo quedaba un minino encima de mi cama, las sábanas estaban impecables y la ventana abierta. El felino movía su cola ondeándola y me miraba con aires de superioridad. Sus ojos eran como los míos, pero los suyos no inspiraban optimismo ni esperanza.

 

     Volví a cerrar los ojos, no podía creerme lo que estaba ocurriendo. Al abrirlos ya no había nada en mi habitación, sólo una carta en el suelo, al lado de mi pierna. Estaba dentro de un sobre de color rosáceo con un sello negro. La cogí y la abrí con cuidado. La carta estaba en blanco.

 

 

Continuará

 

 

Relato by: Yunae

01/09/08

Lulú Bonaffair

         Lulú tiró el jarrón al suelo y contempló en silencio como estallaba. Pedazos de color rosa inundaban la habitación, estaban en todas partes. “¿Qué narices estás haciendo? ¿Te has vuelto loca?” Michael no paraba de gritar, ella estaba agachada mirando los trozos de porcelana sin decir nada. Se retiró un mechón de pelo de la cara. Cogió un pedazo de jarrón con la mano izquierda y lo acarició con el dedo índice de su mano derecha.


       “¿No vas a de007fdea2da6f1517a6609c72b311eccd.jpgcir nada?” Michael le agarró del hombro, “¿acaso eres idiota? ¡Vas a cortarte!”. Fue entonces cuando Lulú Bonaffair se giró lentamente y clavó sus pequeños ojos marrones en él. Depositó con cuidado en el suelo el pequeño trozo de porcelana y sonrío mientras se acariciaba el pelo. Luego, tranquilamente, dijo “No hay por qué preocuparse. Tan solo estaba intentando encontrarla”. “¿Encontrar el qué?” Michael no podía creer la escena que estaba contemplando.

 

        Lulú estaba desnuda. Su piel era blanca, sus hombros estaban cubiertos de pequeñas pecas que formaban una especie de constelación. El resto de su cuerpo permanecía medio oculto por su largo y ondulado pelo de color rubio ceniza. Pero, pese a su apariencia angelical, Michael tenía la impresión de que Lulú había perdido la cabeza. No sabía qué hacer, es más, no podía hacer nada. Ni siquiera estaban en su casa.

 

        La chica comenzó a reír a carcajadas y segundos después paró en seco y con voz firme dijo algo así como “Es evidente Michael. Buscaba la belleza que sólo aparece cuando algo se rompe. La belleza del fin”. “¿Cómo?” Ahora sí que ya no comprendía nada. Esa mujer estaba loca.

 

         Lulú se levantó apoyando una de sus manos en sus largas piernas. Dio unos pasos hacia la ventana y cuidadosamente apartó la cortina. Estaba abierta. Miro a través de ella. Comenzó a hablar con voz susurrante, Michael no podía oírla así que se acercó confuso, tal vez algo asustado. “¿Has visto qué ventana tan grande? Me gusta cubrirla con esa cortina. Realmente… no mereces ver esta ventana. No… “. Después de decir esto, se giró y le clavó sus ojos por segunda vez. Michael frunció el ceño, se llevó la mano a la frente y decidió poner punto y final al asunto. “¿Es para que me vaya? ¿Quieres eso? Ok, lo he captado, adiós Lucifer” se puso su sombrero en la cabeza y se fue adornando su salida con un portazo ejemplar.

 

       Lulú se quedó sola. Fue tranquilamente al sofá, que estaba justo en medio de la habitación. Era negro, grande, robusto. Se tumbó en él encogida como si fuera un gatito en un cojín. Disfrutaba de la visión de aquel jarrón rosa, roto, esparcido por el suelo de su casa. Aquel jarrón que una vez le regaló alguien a quien ella llamaba “pequeña princesa”. Alguien que odiaba ser llamado así.

 

Texto by: Yunae

 

Imagen extraída de : http://farm1.static.flickr.com/17/22231194_8ae43c5957.jpg?v=0

 

 

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