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18/04/09

Perderte, quererte, añorarte…

Juntar mis manos con las tuyas, ver en tus ojos mi mirada.
¿Qué conlleva no poder hacerlo?
Perderte, quererte, añorarte…



Acariciar tu pelo, sé que nunca fue suave,
Sé que siempre lo odiaste, pero…
Peinarte y notar cómo me envuelve
Color oscuro, castañas y olor a fresa.
Nunca supe cuánto lo amaba.



Mirar mi cama, está vacía, es tan grande…
Sobra espacio, me sobra espacio en mí.
Hablar hasta que el sol vuelva,
Pasear en sueños y saber que volveré contigo.



Mirarte, no en una foto; cara a cara.
Un trozo de papel no me contestará si le llamo,
No me abrazará cuando llore por ti.
Poder acariciar tus dedos, contemplarte.



Siempre pensé que eras un diez …
Cuando tú pensabas que eras un cero.

¿Qué significa que ya no estés conmigo?
Perderte, quererte, añorarte…

 

 

Poema by: Yunae

11/04/09

El amor del espejo


Todo surgió de manera estúpida. Había tenido un día muy duro en la escuela y sólo quería tumbarme a llorar. Podría haber cumplido mi propósito de no ser por él, un enorme espejo de forma ovalada en el que podía ver reflejado todo mi cuerpo sin problema alguno.

 

Allí estaba, retándome, mostrando la luz del sol, echándome en cara que el mundo era feliz y que, por mucho que yo me atormentara, el Img00033.jpgclima seguiría siendo el mismo y la gente no dejaría de sonreír. Me acerqué tímidamente, se encontraba en una esquina de la pequeña habitación, encima de él había un trapo viejo de color granate que seguramente mi padre habría olvidado algún domingo de limpieza. Miré mi silueta. Durante unos minutos observé mis ojos colorados de tanto llorar. Puse mi dedo índice sobre el espejo, justo encima de la boca, y empecé a recapacitar sobre hasta qué punto era yo la misma persona que había en ese extraño ente. La superficie del objeto reflejaba mi otro yo, alguien que se movía de manera opuesta a mí y que seguramente pensaba de manera totalmente diferente.

 

 

Fue en ese instante cuando empecé a recordar aquellas historias que me contaba mi abuela. No sé bien bien cómo pero, según ella, en los espejos podemos ver nuestro lado contrario. Esta idea desencadenó una serie de pensamientos que me hicieron llegar a una conclusión un tanto extraña. “Así pues…”, pensé, “si en el espejo está mi otro lado, también debe estar el de Arturo y, si en el mundo tangible es mi peor enemigo, en el mundo del espejo debe ser el amor de mi vida o por lo menos mi mejor amigo. Entonces… si mi idea es cierta, eso significaría… no puede ser. ¡Sí! ¡podría ser cierto! ¡Debe ser cierto! En los cuentos de hadas siempre hay un final feliz, por surrealista que este parezca, siempre pasa algo que hace que todos sigan adelante y se abracen y sonrían y sean felices”.

 

 

 

Arturo, así se llamaba el principal motivo de mis desgracias, de mis campanas en la escuela, de mi falta de atención en general. Disfrutaba torturándome, robándome los deberes y rompiéndolos, insultándome… haciéndome la vida imposible. Debía sacarle de mi vida, debía encontrar a su lado opuesto para poder mostrarle al mundo entero mi auténtico yo, el yo que era censurado y humillado día tras día pero que tenía algo maravilloso que ofrecer. No había, a simple vista, nada que perder y muchísimo que ganar.

 


Por lo tanto, sólo me hacía falta pensar en cómo sacaría su lado opuesto del espejo. “Y si… podría hacerle reflejarse en un espejo y… ¿después? “. La realidad era bastante desesperanzadora, no sabía cómo se podía sacar un reflejo. Pero no perdí la ilusión “Um… la abuela solía decir que los más pequeños son los que están más cerca del mundo de la fantasía. Entonces… puede que Leo pueda ayudarme.”

 

Leo estaba en su cuarto, sentado y calmado. Entretenido con un chupete de color amarillo. Con la mano izquierda tocaba los rizos castaños de su cabeza mientras su otra mano movía el dedo índice haciendo círculos invisibles en el suelo. Lo cogí en brazos y lo llevé a la habitación. Le di un pincel con pintura roja y le dije “Leo vayamos al mundo del espejo, pinta una puerta”. Leo me observaba inocentemente y movía el pincel en el aire. La cosa sería más difícil de lo que yo pensaba. Agarré su mano y yo misma dibujé la puerta. La pintura chorreaba por el espejo y no cambiaba nada en la habitación.



No podía perder la esperanza. Sabía que ocurriría un milagro, bueno, no lo sabía pero quería creer en ello. Me asomé por la ventana y miré las nubes. “¿Por qué no se abre la puerta? Quizá debe tener algún tipo de contraseña, no, debe estar cerrada por un conjuro”.



Me acerqué al espejo y dije “¡ABRACADABRA PATA DE CABRA!” no funcionó. “Demasiado simple… Espejito espejito abre la puerta un ratito” no cambiaba nada en la habitación. Entonces Leo dijo “ito ito pueta itoo” un rayo de luz entró por la ventana y creó una puerta robusta, cuyo pomo era un gusano mordiéndose la cola en forma de círculo.



Estábamos atónitos contemplando aquel extraño fenómeno. Me daba miedo abrir la puerta y encontrarme algo raro, aún más raro que lo que acababa de suceder ante nosotros. Una voz aguda que parecía venir de la puerta dijo “¿Adónde te gustaría ir?”. Contesté sin vacilar “¡Quiero que me lleves con el otro yo de Arturo!” una carcajada resonaba por las pareces del cuarto. “¿Hacia Arturo dices? Hay muchos Arturos en el mundo. Podrías equivocarte de camino y acabar en un lugar oscuro, lleno de telarañas, locos y dragones”. Comencé a temblar, la cosa no iba por buen rumbo y tenía mucho miedo. ¿Un lugar tan horrible? ¿Merecía la pena arriesgarse? Realmente, si me quedaba en casa no cambiaría nada y si me iba una nueva vida podría empezar. “¡Quiero ir! Llévame, seré fuerte no lloraré más” la voz en tono sereno dijo “que así sea” y la puerta se abrió dejando ver un camino de luz rodeado de la más profunda oscuridad.

 

Continuará

 

Relato by: Yunae

Imagen: http://cuadrerialagioconda.com/GALERIA/Img00033.jpg

 

10/04/09

Pequeña Princesa

En la barra de un bar, ahí estaba Cyril Carren. Bebiéndose una jarra de cerveza fría, sonaba “Come As You Are” de Nirvana. Rascó su mejilla, cinco días sin afeitarse. Miró a su alrededor, aquel antro era horrible. Parecía que el tiempo estuviera detenido en un punto donde realidades inconexas se dieran la mano.

 

Le llamaron la atención las paredes del local, adornadas con un atrevido - a la par que hortera- papel tapiz de tigre. Un papel leo-red0477_s.jpgque, en algunos puntos, quedaba tapado por viejas fotos de estrellas de cine olvidadas. Millones de personajes del cine del oeste, hombres, mujeres e incluso algún simpático caballo. A su derecha, a pocos metros de él, una pequeña televisión mostraba una película de época en blanco y negro. Algunas parejas estaban sentadas delante de la tele, en unos sofás estampados de leopardo. Aunque no parecían mostrarle ningún tipo de atención al film.

 

Todo el mundo sabía que “El rincón azul” era el lugar más adecuado para apagar las penas. Una gran paradoja temporal llena de jóvenes que ansiaban compañía, ya fuera del alcohol o de una persona del sexo opuesto. Algunos buscaban pasarlo bien, otros, como Cyril, sólo querían olvidar.

 

Entre el humo que empezaba a nublar el local le pareció ver una silueta acercándose a él. Seguía sonando aquella canción; Come as you are, as you were, as I want you to be.Una chica rubia de pelo ondulado. Se acercaba, muy segura de sí misma. Movía la cabeza de lado a lado, lentamente. Apoyó el brazo derecho sobre la barra. Sus ojos desafiantes se pararon en los de Cyril. De su pequeña boca salieron unas palabras “¿Quieres jugar?”. No llevaba maquillaje. Su camiseta blanca, algo holgada, dejaba entrever unos redondos pechos que al parecer tenían frío.

 

Cyril esbozó media sonrisa, ahí tenía su presa. “Por supuesto encanto, pero no seré yo el que pague tus copas” al decir esto Cyril guiñó su ojo derecho. La chica, totalmente seria, dijo “esta noche tú serás mi pequeña princesa”. Cyril comenzó a reírse descaradamente delante de ella. ¿Princesa? Tal vez había oído mal, puede que aquella chica ya estuviera borracha lo que la convertía en el objetivo más fácil y apetecible. La miró interesado y no dijo nada.

 

“Lulú Bonaffair, mi nombre, es todo lo que necesitas saber sobre mí” mientras hablaba miraba hacía la barra y acariciaba suavemente su mano derecha con el dedo índice.

 

¿Aquella chica le estaba engañando? Su nombre tenía un toque francés que le desconcertaba. Pero la forma en que le estaba tocando era hipnótica. La chica le pasó un brazo por detrás y le dijo “soy la dueña del local, ven conmigo lo pasaremos bien princesa”. Cyril la siguió abriéndose camino entre la gente, Lulú metió su mano en el bolsillo y sacó una llave de color rojo apagado. Una nueva canción empezó a sonar “Rape Me” de Nirvana. Lulú movió una cortina de cebra, detrás de la cual había una puerta de color rosa.

 

 

“No seré gentil contigo, princesita” Cyril fue arrastrado por ella. El volumen de la música subió, como también lo hizo la temperatura.

 

Texto By: Yunae

http://www.fixit.es/acatalog/leo-red0477_s.jpg

13:36 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: bar, relato, lulú, nirvana

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