25/10/09
La vie en rose
Lulú abrió lentamente los ojos, la luz del sol entraba a través de las cortinas inundando la habitación de un tétrico color azul. ¿Estaba realmente despierta? sentía un gran vacío en su corazón, dolor y nauseas.
Giró la cabeza hacia el lado izquierdo; pasó lentamente sus dedos por la almohada en la que unas horas antes un hombre había estado apoyado.
Había pasado otra noche pretendiendo ocultar la verdad, otra noche más recolectando falsas princesas que jamás podrían satisfacer sus más
ocultos deseos. Princesas que nunca podrían salvarla de la oscuridad azul en la que estaba sumida, que tan sólo la empujaban lentamente a precipitarse aún más en el vacío de la realidad. Pero no, no podía afrontar la verdad, era demasiado doloroso. "Volverá" se dijo a sí misma tumbada en la cama, "mi pequeña princesa volverá conmigo".
"Quand Ii me prend dans ses bras, il me parle tout bas, je vois la vie en rose..." Edith Piaf empezó a sonar en su teléfono móvil. "No puede ser..." Lulú se levantó de repente. La música resonaba por las paredes de la habitación creando un eco infinito. Buscó el móvil por todas partes, era imposible, no podía estar pasando, no podía estar oyendo esa canción.
Debajo de la cama, ahí estaba. Acercó su mano lentamente, tenía miedo de responder. Pulsó el botón las palabras salían rotas "pe... pequeña.... princesa...". "Nunca volverás a verme" dijo una voz de manera firme, una voz que Lulú conocía perfectamente, perforando de la peor y más dolorosa manera todas las esperanzas que ella tenía. Abofeteando todos sus intentos de esconder la verdad. Y, cuando Lulú tenía la certeza de que esas palabras acababan de destrozar su vida, todo se desvaneció por completo.
"Ahhhhhhhhhhhhh" abrió los ojos, llorando, envuelta de sudor, temblando, cubrió su rostro con sus manos.
Sólo había sido un sueño, una terrible pesadilla que era mucho más real de lo que su vida nunca sería.
Relato by: Yunae
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11/04/09
El amor del espejo
Todo surgió de manera estúpida. Había tenido un día muy duro en la escuela y sólo quería tumbarme a llorar. Podría haber cumplido mi propósito de no ser por él, un enorme espejo de forma ovalada en el que podía ver reflejado todo mi cuerpo sin problema alguno.
Allí estaba, retándome, mostrando la luz del sol, echándome en cara que el mundo era feliz y que, por mucho que yo me atormentara, el
clima seguiría siendo el mismo y la gente no dejaría de sonreír. Me acerqué tímidamente, se encontraba en una esquina de la pequeña habitación, encima de él había un trapo viejo de color granate que seguramente mi padre habría olvidado algún domingo de limpieza. Miré mi silueta. Durante unos minutos observé mis ojos colorados de tanto llorar. Puse mi dedo índice sobre el espejo, justo encima de la boca, y empecé a recapacitar sobre hasta qué punto era yo la misma persona que había en ese extraño ente. La superficie del objeto reflejaba mi otro yo, alguien que se movía de manera opuesta a mí y que seguramente pensaba de manera totalmente diferente.
Fue en ese instante cuando empecé a recordar aquellas historias que me contaba mi abuela. No sé bien bien cómo pero, según ella, en los espejos podemos ver nuestro lado contrario. Esta idea desencadenó una serie de pensamientos que me hicieron llegar a una conclusión un tanto extraña. “Así pues…”, pensé, “si en el espejo está mi otro lado, también debe estar el de Arturo y, si en el mundo tangible es mi peor enemigo, en el mundo del espejo debe ser el amor de mi vida o por lo menos mi mejor amigo. Entonces… si mi idea es cierta, eso significaría… no puede ser. ¡Sí! ¡podría ser cierto! ¡Debe ser cierto! En los cuentos de hadas siempre hay un final feliz, por surrealista que este parezca, siempre pasa algo que hace que todos sigan adelante y se abracen y sonrían y sean felices”.
Arturo, así se llamaba el principal motivo de mis desgracias, de mis campanas en la escuela, de mi falta de atención en general. Disfrutaba torturándome, robándome los deberes y rompiéndolos, insultándome… haciéndome la vida imposible. Debía sacarle de mi vida, debía encontrar a su lado opuesto para poder mostrarle al mundo entero mi auténtico yo, el yo que era censurado y humillado día tras día pero que tenía algo maravilloso que ofrecer. No había, a simple vista, nada que perder y muchísimo que ganar.
Por lo tanto, sólo me hacía falta pensar en cómo sacaría su lado opuesto del espejo. “Y si… podría hacerle reflejarse en un espejo y… ¿después? “. La realidad era bastante desesperanzadora, no sabía cómo se podía sacar un reflejo. Pero no perdí la ilusión “Um… la abuela solía decir que los más pequeños son los que están más cerca del mundo de la fantasía. Entonces… puede que Leo pueda ayudarme.”
Leo estaba en su cuarto, sentado y calmado. Entretenido con un chupete de color amarillo. Con la mano izquierda tocaba los rizos castaños de su cabeza mientras su otra mano movía el dedo índice haciendo círculos invisibles en el suelo. Lo cogí en brazos y lo llevé a la habitación. Le di un pincel con pintura roja y le dije “Leo vayamos al mundo del espejo, pinta una puerta”. Leo me observaba inocentemente y movía el pincel en el aire. La cosa sería más difícil de lo que yo pensaba. Agarré su mano y yo misma dibujé la puerta. La pintura chorreaba por el espejo y no cambiaba nada en la habitación.
No podía perder la esperanza. Sabía que ocurriría un milagro, bueno, no lo sabía pero quería creer en ello. Me asomé por la ventana y miré las nubes. “¿Por qué no se abre la puerta? Quizá debe tener algún tipo de contraseña, no, debe estar cerrada por un conjuro”.
Me acerqué al espejo y dije “¡ABRACADABRA PATA DE CABRA!” no funcionó. “Demasiado simple… Espejito espejito abre la puerta un ratito” no cambiaba nada en la habitación. Entonces Leo dijo “ito ito pueta itoo” un rayo de luz entró por la ventana y creó una puerta robusta, cuyo pomo era un gusano mordiéndose la cola en forma de círculo.
Estábamos atónitos contemplando aquel extraño fenómeno. Me daba miedo abrir la puerta y encontrarme algo raro, aún más raro que lo que acababa de suceder ante nosotros. Una voz aguda que parecía venir de la puerta dijo “¿Adónde te gustaría ir?”. Contesté sin vacilar “¡Quiero que me lleves con el otro yo de Arturo!” una carcajada resonaba por las pareces del cuarto. “¿Hacia Arturo dices? Hay muchos Arturos en el mundo. Podrías equivocarte de camino y acabar en un lugar oscuro, lleno de telarañas, locos y dragones”. Comencé a temblar, la cosa no iba por buen rumbo y tenía mucho miedo. ¿Un lugar tan horrible? ¿Merecía la pena arriesgarse? Realmente, si me quedaba en casa no cambiaría nada y si me iba una nueva vida podría empezar. “¡Quiero ir! Llévame, seré fuerte no lloraré más” la voz en tono sereno dijo “que así sea” y la puerta se abrió dejando ver un camino de luz rodeado de la más profunda oscuridad.
Continuará
Relato by: Yunae
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10:55 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (1) | Email esto | Tags: espejo, esperanza, todo cambiará, fantasía
10/04/09
Pequeña Princesa
En la barra de un bar, ahí estaba Cyril Carren. Bebiéndose una jarra de cerveza fría, sonaba “Come As You Are” de Nirvana. Rascó su mejilla, cinco días sin afeitarse. Miró a su alrededor, aquel antro era horrible. Parecía que el tiempo estuviera detenido en un punto donde realidades inconexas se dieran la mano.
Le llamaron la atención las paredes del local, adornadas con un atrevido - a la par que hortera- papel tapiz de tigre. Un papel
que, en algunos puntos, quedaba tapado por viejas fotos de estrellas de cine olvidadas. Millones de personajes del cine del oeste, hombres, mujeres e incluso algún simpático caballo. A su derecha, a pocos metros de él, una pequeña televisión mostraba una película de época en blanco y negro. Algunas parejas estaban sentadas delante de la tele, en unos sofás estampados de leopardo. Aunque no parecían mostrarle ningún tipo de atención al film.
Todo el mundo sabía que “El rincón azul” era el lugar más adecuado para apagar las penas. Una gran paradoja temporal llena de jóvenes que ansiaban compañía, ya fuera del alcohol o de una persona del sexo opuesto. Algunos buscaban pasarlo bien, otros, como Cyril, sólo querían olvidar.
Entre el humo que empezaba a nublar el local le pareció ver una silueta acercándose a él. Seguía sonando aquella canción; Come as you are, as you were, as I want you to be.Una chica rubia de pelo ondulado. Se acercaba, muy segura de sí misma. Movía la cabeza de lado a lado, lentamente. Apoyó el brazo derecho sobre la barra. Sus ojos desafiantes se pararon en los de Cyril. De su pequeña boca salieron unas palabras “¿Quieres jugar?”. No llevaba maquillaje. Su camiseta blanca, algo holgada, dejaba entrever unos redondos pechos que al parecer tenían frío.
Cyril esbozó media sonrisa, ahí tenía su presa. “Por supuesto encanto, pero no seré yo el que pague tus copas” al decir esto Cyril guiñó su ojo derecho. La chica, totalmente seria, dijo “esta noche tú serás mi pequeña princesa”. Cyril comenzó a reírse descaradamente delante de ella. ¿Princesa? Tal vez había oído mal, puede que aquella chica ya estuviera borracha lo que la convertía en el objetivo más fácil y apetecible. La miró interesado y no dijo nada.
“Lulú Bonaffair, mi nombre, es todo lo que necesitas saber sobre mí” mientras hablaba miraba hacía la barra y acariciaba suavemente su mano derecha con el dedo índice.
¿Aquella chica le estaba engañando? Su nombre tenía un toque francés que le desconcertaba. Pero la forma en que le estaba tocando era hipnótica. La chica le pasó un brazo por detrás y le dijo “soy la dueña del local, ven conmigo lo pasaremos bien princesa”. Cyril la siguió abriéndose camino entre la gente, Lulú metió su mano en el bolsillo y sacó una llave de color rojo apagado. Una nueva canción empezó a sonar “Rape Me” de Nirvana. Lulú movió una cortina de cebra, detrás de la cual había una puerta de color rosa.
“No seré gentil contigo, princesita” Cyril fue arrastrado por ella. El volumen de la música subió, como también lo hizo la temperatura.
Texto By: Yunae
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13:36 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: bar, relato, lulú, nirvana
02/09/08
El cambio de Leran (2)
AVISO: Esta es la segunda parte de "El cambio de Leran" . Espero que os guste.
Al escuchar esto me quedé perpleja, “mamá mis ojos eran negros ayer, pero esta mañana me he levantado y al mirarme al espejo he visto que eran verdes”. La expresión de su rostro cambió totalmente, se tocaba la boca con la mano derecha y sus ojos me miraban como si fuera la primera vez en su vida que me veía. Me sentí extraña y muy incómoda.
No sabía qué estaba ocurriendo y al ver que mi madre parecía algo asustada, decidí decirle que todo era una broma, que simplemente tenía calor y estaba muy contenta porque hacía un día estupendo. Eso logró tranquilizarla un poco.
Cuando salió de mi habitación y cerró la puerta me quedé muy intranquila e insegura. Me puse a dar vueltas juntando mis dedos índices y mirando al suelo. “La cosa” era tan poderosa que podía modificar los recuerdos, por lo tanto, también podía castigarme si no usaba bien mi nuevo poder positivo. Seguro que podía verme, es más, seguro que me estaba mirando y mientras lo hacía me juzgaba apuntando en una pequeña libreta todos los fallos que veía en mis movimientos.
Había demasiada presión. Un millón de dudas me atacaban y me empujaron a cometer una estupidez. Miré hacia arriba y dije en voz baja: “¿Qué tengo que hacer señor algo? ¿Por qué me ha dado este poder?”. Obviamente, nadie respondió. Me quedé sentada en la silla mirando hacia la ventana, tenía la certeza de que algo pasaría ahí.
Un viejo árbol tapaba las vistas, era de un tono marrón oscuro apagado, tres o cuatro hojas adornaban sus ramas que emergían desde el tronco en forma de manos huesudas y estiradas con largos dedos. Entonces, de la nada, apareció un gato de color azul oscuro encima de una de las ramas del árbol. Aquel ser tenía una mirada muy parecida a la mía, unos ojos verdes resplandecientes e hipnóticos que se centraban en un solo punto de mi habitación, en mí, en mis pupilas.
Estaba asustada, me acerqué lentamente, el gato no me quitaba los ojos de encima. Apoyé los brazos sobre el borde de la ventana y el felino, erizando todos los pelos de su cuerpo, emitió un sonido amenazador. No sé bien bien qué fue lo que me impulsó a hacer lo que hice, pero sin pensarlo demasiado extendí mi mano, acercándola a su hocico. Me arañó en la muñeca y empecé a sangrar, cerré la ventana deprisa y me alejé de ella.
“Miaaaauu, miaaaaaaauuuu” dentro de mi habitación se oían los maullidos de un gato.Miré a mí alrededor pero no vi nada, estaba muy nerviosa y no sabía qué hacer ni dónde esconderme. Un ruido extraño, muy difícil de describir acompañaba los maullidos, que ahora eran más, como si mi habitación estuviera llena de gatos azules. Era un sonido parecido al que se oye cuando algún desalmado rasca una pizarra con una tiza rota. Tapé mis oídos. Debería haber salido de la habitación nada más escuchar aquel espantoso sonido dentro, pero no lo hice, el pánico impedía que me moviera.
Las sábanas de la cama comenzaron a agitarse, se entreveían unos bultos que se movían lentamente, acercándose a mí. La tela empezó a romperse desde arriba, como si alguien la rajara por abajo con un cuchillo muy afilado. Y entonces los vi, eran gatos azules de ojos verdes. Cerré los ojos muy fuerte, tapándome los oídos, si tenía que morir no quería verlo. Noté en mi pierna derecha una uña fría y afilada acariciándome suavemente. En mis hombros había algo caliente y peludo. Tenía que hacer algo. Sentía dentro de mí que debía hacer algo. Abrí los ojos de repente, todo paró, sólo quedaba un minino encima de mi cama, las sábanas estaban impecables y la ventana abierta. El felino movía su cola ondeándola y me miraba con aires de superioridad. Sus ojos eran como los míos, pero los suyos no inspiraban optimismo ni esperanza.
Volví a cerrar los ojos, no podía creerme lo que estaba ocurriendo. Al abrirlos ya no había nada en mi habitación, sólo una carta en el suelo, al lado de mi pierna. Estaba dentro de un sobre de color rosáceo con un sello negro. La cogí y la abrí con cuidado. La carta estaba en blanco.
Continuará
Relato by: Yunae
11:45 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (1) | Email esto | Tags: El cambio de Leran, incertidumbre, miedo, horror, optimismo
01/09/08
Lulú Bonaffair
Lulú tiró el jarrón al suelo y contempló en silencio como estallaba. Pedazos de color rosa inundaban la habitación, estaban en todas partes. “¿Qué narices estás haciendo? ¿Te has vuelto loca?” Michael no paraba de gritar, ella estaba agachada mirando los trozos de porcelana sin decir nada. Se retiró un mechón de pelo de la cara. Cogió un pedazo de jarrón con la mano izquierda y lo acarició con el dedo índice de su mano derecha.
“¿No vas a de
cir nada?” Michael le agarró del hombro, “¿acaso eres idiota? ¡Vas a cortarte!”. Fue entonces cuando Lulú Bonaffair se giró lentamente y clavó sus pequeños ojos marrones en él. Depositó con cuidado en el suelo el pequeño trozo de porcelana y sonrío mientras se acariciaba el pelo. Luego, tranquilamente, dijo “No hay por qué preocuparse. Tan solo estaba intentando encontrarla”. “¿Encontrar el qué?” Michael no podía creer la escena que estaba contemplando.
Lulú estaba desnuda. Su piel era blanca, sus hombros estaban cubiertos de pequeñas pecas que formaban una especie de constelación. El resto de su cuerpo permanecía medio oculto por su largo y ondulado pelo de color rubio ceniza. Pero, pese a su apariencia angelical, Michael tenía la impresión de que Lulú había perdido la cabeza. No sabía qué hacer, es más, no podía hacer nada. Ni siquiera estaban en su casa.
La chica comenzó a reír a carcajadas y segundos después paró en seco y con voz firme dijo algo así como “Es evidente Michael. Buscaba la belleza que sólo aparece cuando algo se rompe. La belleza del fin”. “¿Cómo?” Ahora sí que ya no comprendía nada. Esa mujer estaba loca.
Lulú se levantó apoyando una de sus manos en sus largas piernas. Dio unos pasos hacia la ventana y cuidadosamente apartó la cortina. Estaba abierta. Miro a través de ella. Comenzó a hablar con voz susurrante, Michael no podía oírla así que se acercó confuso, tal vez algo asustado. “¿Has visto qué ventana tan grande? Me gusta cubrirla con esa cortina. Realmente… no mereces ver esta ventana. No… “. Después de decir esto, se giró y le clavó sus ojos por segunda vez. Michael frunció el ceño, se llevó la mano a la frente y decidió poner punto y final al asunto. “¿Es para que me vaya? ¿Quieres eso? Ok, lo he captado, adiós Lucifer” se puso su sombrero en la cabeza y se fue adornando su salida con un portazo ejemplar.
Lulú se quedó sola. Fue tranquilamente al sofá, que estaba justo en medio de la habitación. Era negro, grande, robusto. Se tumbó en él encogida como si fuera un gatito en un cojín. Disfrutaba de la visión de aquel jarrón rosa, roto, esparcido por el suelo de su casa. Aquel jarrón que una vez le regaló alguien a quien ella llamaba “pequeña princesa”. Alguien que odiaba ser llamado así.
Texto by: Yunae
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13:35 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: Lulú Bonaffair, locura, reflexión, equivocación
26/08/08
No es irremediable
A veces me asomo a la ventana e intento imaginar que está en el parque de enfrente de mi casa. Cierro los ojos y, si me esfuerzo un poco, puede verle. Un chico muy alto, con el pelo ligeramente rizado y de color negro. Totalmente despeinado. Su mirada es tranquila, sus ojos marrones y su cara redonda. Está adornada con algún grano, culpa de la adolescencia seguramente. Sonríe sin fijar la vista en ningún punto. Su boca es pequeña y sus labios son finos. Me recreo en el placer de poder observarle, de poder recordarle perfectamente sin que él sea consciente de qué es lo que estoy haciendo.
Alargo la mano e intento tocar esa imagen pero se desvanece en el aire. Vuelve la realidad. Abro los ojos. Delante de mí sólo hay un columpio vacío. Veo cómo se mece lentamente, es como si un ente invisible le empu
jara con suavidad. Es como él. Aunque no esté a mi lado puedo sentir en mi cabeza cómo mece mis recuerdos, suavemente, echándome en cara todas las cosas malas que le hecho sin darme cuenta.
Doy la vuelta y me siento en la cama. Pongo música. Hay tantas canciones que él me recomendó…“¿Se acordará de mí?” una frase convertida en eco. “No creo” cojo la almohada y la pongo encima de mi cabeza.
Es gracioso pensar en que los humanos hayamos inventado el cine cuando tenemos uno justo dentro de nosotros. Los recuerdos se van enlazando poco a poco formando una historia. En nuestra mente hay una selección de capítulos, como en un DVD. Puedes recurrir a la escena que quieras sin necesidad de visionar la película entera. Pero yo sé que es defectuoso. A veces se empeña en repetir una y otra vez el mismo capítulo, el mismo diálogo. La misma imagen se queda estática y puedes verla girar 360 grados y contemplar todos los fallos que hubo en ese instante, que queda marcado para la eternidad, irremediable.
Al final veo luz en mi ventana. Decido levantarme y mirar otra vez. Sé que no está ahí, sé que nunca volverá a estar ahí. Pero ese columpio vacío, ese columpio volverá a ser usado por alguien y, entonces, yo podré mirar por la ventana y volver a ver una mirada perdida que al juntarse con la mía cree un lazo que durará para siempre. El DVD puede empeñarse en mostrarme mis errores, pero yo sé que grabaré en él algún día algo que los reemplace y me haga sonreír cada vez que los visione.
La vida sigue, esto no es un final, simplemente es un continuará.
Relato by: Yunae
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12:30 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: vació, volver, continuará, esperanza
13/07/08
Desnuda bajo la lluvia
Llovía, llovía muchísimo. Nos refugiamos en un restaurante de comida rápida mientras esperábamos a que aflojara un poco. Todos íbamos desabrigados, pantalones cortos, chanclas… Era verano.
El cielo estaba oscuro y había tanta agua que costaba ver a través de ella. Mis amigos discutía
n sobre qué hacer mientras yo simplemente miraba anonadada aquel espectáculo de azules y blancos con una banda sonora llena de percusiones de color amarillo. La lluvia me estaba llamando y no pensé demasiado qué hacer. Notaba tu amistad, sentía que podía confiar en ti. No pensé en todo el daño que me habían hecho en el pasado, no me cuestioné qué ocurriría si te daba mi mano. Sólo te la ofrecí y tú la cogiste.
Te llevé fuera. Empezamos a correr debajo de aquel diluvio, a reír, a pisar los charcos, a mojarnos. Nos paramos en la entrada de unos cines y comentamos nuestra hazaña. Mi cuerpo estaba helado, las gotas de agua corrían sobre mí y se adentraban por todos los rincones sin ningún tapujo. Pero a pesar de todo me sentía bien.
No paraba de llover. Él me miraba desde lejos con mis otros amigos. Estaba enfadado. No supe explicarle el porqué de mi comportamiento y él no supo entenderme sin que lo hiciera. Sólo habría sido capaz de hacerlo si yo, en ese instante, le hubiera abierto una ventana en mi pecho izquierdo y hubiera mirado directamente en el centro de mi corazón.
Me llamó irresponsable y me explicó todas las consecuencias que podrían tener mis acciones. Dijo algo sobre una pulmonía y comentó brevemente no sé qué a cerca de resbalar y abrirse la cabeza.
Me era indiferente.
Había sido capaz de salir de mi jaula de recuerdos. De dar un paso adelante y escapar de los fantasmas que me retenían o que yo deseaba que me retuvieran.
Una solución simple para un complicado problema, ofrecer tu mano y mojarte en la lluvia. Mucho mejor que mojarte en tus lágrimas.
By: Yunae
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14:25 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: mi corazón, tú, amistad, seguridad, comprensión, lluvia
29/12/07
Secuestraré al arcoíris
Lo veré en el cielo, como tantas otras veces lo he visto. Pero, no de la misma manera. Podré alargar mi brazo y acariciarlo con mis dedos, le robaré todos sus colores y me los quedaré para mí. Y después, con un pequeño pincel verde, inundaré
mi casa de azules, amarillos, rojos y mezclas de tonos alegres que habré robado porque tú los ansiaste… alguna vez. Secuestraré al arcoíris, sólo para ti.
Y así, haré realidad tus sueños en mi mansión de setenta metros cuadrados. Abriremos todas las ventanas para que todo el mundo nos mire con envidia. Para que vean tu felicidad, nuestra felicidad. Para que el aire entre y nos envuelva y baile con nosotras la canción que la lluvia y el sol compusieron en tiempos remotos.
Llenaré la bañera de caramelos y chocolate y nos pondremos el bañador y nadaremos juntas. Lanzaremos golosinas por los aires, cogeremos un empache de dulzura y no podremos parar de jugar y reír.
Después, si nos quedan fuerzas, arrancaremos las cortinas, las cuales habrán sido inundadas de colores arcoíris, para hacernos aquellos vestidos que siempre imaginamos. Saldremos a la calle, cogidas de la mano, saludaremos a todo el mundo y todo el mundo nos devolverá el saludo.
Crearé ese mundo para ti, para que vivamos juntas, para que nadie nos haga daño, para que no exista el miedo. Todo esto, estaría dispuesta a hacerlo por ti, para volver a verte sonreír, para que simplemente… seas mi amiga.
By: Yunae
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12:45 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: arcoíris, amistad
27/12/07
La imaginación... ¿no merece la pena?
Mientras Nadia hablaba, la miraba apoyada en la mesa observando cada pequeño detalle de su rostro. No solía escucharla, prefería mantener la imagen idealizada que me había formado de ella y jugaba a imaginar cómo era y qué cosas le gustaban. A veces paraba de hablar en seco y me decía algo así como “¿Estás de acuerdo?” o
“¿No crees?” y yo entonces movía la cabeza asintiendo o negando dependiendo del tono que usara para la pregunta. Con eso ella se contentaba y seguía su monólogo como si nada.
A decir verdad, me había inventado una serie de características y vivencias que había adornado con todo lujo de detalles sólo para ella. Mi Nadia era una chica atenta, educada, inocente y algo tímida. Cuando hablaba se apartaba el flequillo que caía sobre su ojo izquierdo y una preciosa sonrisa hacía aparecer en su pómulo derecho un pequeño agujero. No le gustaba demasiado contar cosas sobre ella y siempre pensaba en los demás e intentaba ayudarles a toda costa sin pensar en lo que esto comportaría. Mi Nadia siempre llevaba vestidos de tonos rosas y lilas, acompañados de unos graciosos calcetines de rayas de colores y un lacito en la cabeza, cuyo color variaba dependiendo de su estado de ánimo.
Mi Nadia era una muñeca de esas que puedes dejar sentada encima de la cama con los complementos que más te gusten. Era una hoja de papel en blanco dispuesta a ser cualquier cosa que mi imaginación le dijera, una hoja de papel que nunca me decepcionaría. Era un juego demasiado divertido como para no compartirlo con nadie, así que un día se lo comenté a mi novio. Pero su reacción no fue exactamente la que yo esperaba.
Se dejó caer en el pequeño sofá, redondo, de color rojo que había en medio de nuestro salón. Me miraba muy serio, clavando sus negras pupilas en mis manos. “Celeste, no puedes crear la personalidad de alguien así porque sí” al escucharle no pude evitar soltar una de esas risas que sueltan los niños pequeños cuando hacen una trastada y su madre los descubre. “¿No vas a decirme nada? Debería darte vergüenza no escuchar a la gente ¡Celeste por Dios!” cuando vi que iba en serio, me puse las manos encima de las piernas, las estiré y entrelacé mis dedos. “Y según tú, ¿qué debería hacer True?” puede que tomara esta frase como un desafío a su ingenio, no lo sé, quizá no notó que era una pregunta retórica. Pero, True me lanzó una respuesta que, al igual que un dardo, se clavó en el centro de mi mente “Si no quieres ver cómo es en realidad, puede que te pierdas a una persona maravillosa. Y, si no es una gran persona, puede que estés desperdiciando el tiempo que podrías pasar sentada al lado de una.” Me pasó el brazo por detrás de la espalda y mi besó suavemente en la mejilla. Resultó muy convincente.
Al día siguiente, un domingo, quedé con Nadia, fuimos a comer a un restaurante italiano como ya habíamos hecho un millón de veces antes. Pero ese día era especial. Ese día yo escucharía qué era lo que Nadia podía ofrecerme, no mi Nadia, sino Nadia.
Nadia estaba muy contenta. Me estuvo contando lo que había hecho la noche anterior con sus amigos. “Y llegué a casa a las 7, ¡a las 7 Celeste! ¿Te lo puedes creer? Y llevaba una taja… vomité en el recibidor y luego me resbalé y me caí y me desperté envuelta de vómitos. ¡Jajaja! ¡Deberías haberlo visto celeste! ¡Fue una noche increíble! Ni siquiera recuerdo lo que hice”. Con cada palabra se rompía una pieza del rompecabezas que formaba su imagen en mi mente. Mi dulce e inocente Nadia se desvaneció y en su lugar estaba ella. Mirándome y esperando a que asintiera o negara como siempre. Pero su tono de voz no me decía qué debía responder y sus ojos no eran los ojos que siempre había estado mirando.
Aquella vez le contesté, le miré fijamente y le dije “La imaginación… ¿no merece la pena?”.
By: Yunae
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18:00 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: imaginación, verdad, miedo
30/08/07
El cambio de Leran
Aviso: Este relato es algo diferente de los demás, como es muy largo iré subiéndolo por partes. Espero que lo disfrutéis.
El cambio de Leran
Ayer me desperté y al mirarme al espejo descubrí que mis ojos eran verdes. Fue un cambio repentino, de un día para otro mis ojos negros como el carbón se habían vuelto de color aguacate.
La verdad es que nunca me había gustado ese color, tenía demasiado parecido con el césped que pisan los pies sucios de una niña aburrida, como yo.
Resultaría sorprendente pensar que algo tan superfluo pudiera desembocar algún cambio importante en la vida de una persona. Supongo que a cualquier otra no le habría afectado en absoluto - más de dos minutos seguidos- ver que sus ojos ya no eran negros o marrones sino verdes. Pero a mí sí, sentí inmediatamente la necesidad de compararlos con algo que me gustara o que por lo menos fuera positivo. Si hubieran sido azules o grises podría haberlos comparado con el cielo - a veces sereno, a veces tempestuoso- pero no, ¡eran verdes! verdes como las ranas que croan en las sucias charcas, como los saltamontes que se me pegan en el vestido cuando me tumbo en el jardín. Para mí resultaba realmente horrible.
Al final encontré la comparación que más me complacía; era un verde esperanza, una tonalidad clara con degradaciones oscuras. Pero, encontrar algo que fuera de un color parecido a mis ojos no solucionaba realmente mi problema. Mis ojos representaban algo bueno, pero el significado del cambio aún era algo que yo desconocía. Cuando lo pensé fríamente, me di cuenta de que era prácticamente imposible que mis ojos se tornaran verdes de un día para otro sin motivo aparente.
Después de barajar varias posibilidades más o menos coherentes –dentro de lo que cabía- llegué a la conclusión de que mi cambio tenía claramente una finalidad. Yo era una elegida, aunque no sabía por quién ni por qué, y así fue como supe que jamás volvería a ver el mundo igual que cuando tenía mis preciosos ojos negros. Un nuevo mundo empezaba para mí y para mi mirada campestre.
Cerré la puerta de mi habitación cuidadosamente, girando el pomo dorado con la mano izquierda. Me senté en mi taburete redondo de color rojo y me quedé un rato mirándome al pequeño espejo de bordes amarillos que había colgado en la pared.
Seguramente, la persona que había coloreado mis ojos, lo había hecho con el propósito de volverme más optimista. El filtro negro de mis anteriores esferas oscuras no dejaban que viera con claridad el mundo, pero con este de color verde todo sería diferente. ¡Verde esperanza! Aquella era la comparación que había elegido para ellos, no era verde sapo, ni tampoco verde lechuga, era un magnífico verde esperanza. Todo empezaba a cobrar sentido dentro de mí.
Sí, todavía no había acabado mi transformación optimista. Abrí el tercer cajón de mi escritorio y saqué mi caja amarilla de costura. Unas tijeras. Sujete mis rizos castaños con la mano derecha mientras, con la otra mano, sujetaba el atroz instrumento. Cerré los ojos y conté hasta tres.
Mi cabello afeminado dejó de existir, en su lugar había un corte champiñón un tanto simpático. Cogí mi camiseta rosa y le recorté en la espalda un corazón- un brote de inspiración supongo.
Aunque parezca mentira repito, todo esto hizo que se iniciara en mí una nueva perspectiva de las cosas. Salí de mi habitación corriendo, pasé por el comedor ante la mirada atónita de mis padres y mis hermanos y salí de casa descalza.
Pasee por el vecindario durante horas, mirándolo todo como si fuera la primera vez que lo veía. Me fijé en todos los colores que adornaban mi barrio, en las sonrisas de los niños pequeños, en los nidos que las golondrinas habían construido con tanto esfuerzo, en las piruetas que hacían los perros jugando, en las vecinas cotilleando alegremente, en los hombres jugando a las cartas…
Todo era hermoso, todo estaba lleno de vida. Hasta el más pequeño detalle me hacía feliz. Y podía disfrutar de ello porque yo era le elegida del filtro verde.
Al volver a casa, subí directamente a mi habitación y me lancé encima de la pequeña cama de color pastel. Me quedé tumbada bocabajo durante unos minutos sin poder parar de reír. Había encontrado la felicidad absoluta de un día para otro, de una forma única e impensable.
Entonces escuché que alguien llamaba a la puerta de mi habitación, le dije que pasara, era mi madre. “Leran… ¿qué te ocurre? ¿Por qué te has cortado el pelo y has salido descalza de casa? Me tienes muy preocupada” dijo frunciendo el cejo. Yo me limité a decirle sonriente: “Mamá, ¿no ves que tengo los ojos verdes? ¡Es un gran cambio en mi vida!”.
Después de eso me puse las manos detrás de la espalda y empecé a juguetear moviendo la pierna derecha. Mi madre me miraba atónita, se me acercó y me acarició la mejilla con la mano izquierda. “Pero Leran, tus ojos siempre fueron verdes”.
By: Yunae
Continuará
11:30 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (4) | Email esto | Tags: ojos verdes, relato


